La tortuga verde (Chelonia mydas) alcanzó un hito histórico en la conservación marina global al dejar de estar clasificada como especie en peligro y pasar a la categoría de «preocupación menor» en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).
El organismo internacional confirmó que la población mundial de este reptil marino experimentó un incremento superior al 28% desde la década de 1970, un resultado atribuido a la protección sostenida de las playas de anidación, la erradicación del saqueo de huevos y la restricción del comercio ilegal.
Avances regionales y resguardo de playas clave
El progreso de la especie se evidencia en santuarios marinos estratégicos a escala global. En las islas Tortuga de Sabah, en Malasia, la cifra de nidos se triplicó desde los años setenta hasta superar los 20.000 desoves anuales, respaldados por la prohibición del consumo de carne y huevos vigente desde 1997.
De igual forma, el archipiélago de Entrecasteaux, ubicado en el Parque Natural del Mar del Coral en Nueva Caledonia, concentra cada año el arribo de aproximadamente 40.000 hembras reproductivas, registrando picos de hasta 400 puestas por noche en un ecosistema bajo régimen de reserva estricta.
Amenazas persistentes y desequilibrio térmico

A pesar del indicador favorable a nivel global, la Convención sobre Especies Migratorias (CMS) advirtió que diversas subpoblaciones regionales mantienen un estatus crítico, destacando las del Pacífico central-sur como «en peligro» y las del océano Índico norte y Pacífico oriental como «vulnerables». Paralelamente, los científicos señalan que la captura accidental en artes de pesca, la contaminación por plásticos y el aumento global de las temperaturas en la arena alteran el desarrollo embrionario dentro de los huevos, provocando una feminización masiva de las camadas que amenaza la viabilidad genética futura de la especie.
Frente a esta coyuntura, organizaciones como el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) han implementado herramientas biotecnológicas como Shellbank, una base de datos científica basada en trazabilidad de ADN para rastrear las rutas migratorias de los ejemplares y desmantelar el tráfico ilegal de caparazones.
Los especialistas concluyen que, si bien la recuperación de la tortuga verde demuestra la efectividad de las políticas ambientales a largo plazo, resulta imperativo mantener las restricciones de conservación, considerando que apenas una de cada mil crías logra alcanzar la madurez sexual a los 20 años de edad.
Con información de Infobae