La medicina contemporánea afronta una profunda transición impulsada por la robótica y la inteligencia artificial (IA), tecnologías que prometen elevar la precisión quirúrgica. En este escenario, el médico cirujano Miguel Ángel Infante, egresado de la Universidad Central de Venezuela, ofrece una visión analítica de estas innovaciones frente a la laparoscopia tradicional.
Según el especialista, aunque las herramientas avanzadas aportan beneficios tangibles, no se debe asumir su superioridad de forma absoluta en todos los escenarios médicos. Uno de los principales aportes de la cirugía robótica radica en sus ventajas técnicas específicas.
El doctor Infante destaca la visión tridimensional ampliada de alta definición, el uso de instrumentos articulados con mayor libertad de movimiento y el filtrado del temblor humano. Estas características optimizan la precisión en espacios reducidos y mejoran la ergonomía del cirujano en procedimientos complejos como los urológicos, pélvicos o reconstructivos.
No obstante, en operaciones sencillas, la laparoscopia tradicional ofrece resultados similares en menor tiempo y con un costo significativamente más bajo, demostrando que la experiencia humana sigue siendo decisiva.
Por su parte, la IA se perfila como un soporte capaz de analizar videos quirúrgicos en tiempo real, reconocer estructuras anatómicas y alertar sobre zonas de riesgo. A pesar de este potencial, Infante aclara que no existe evidencia científica suficiente que demuestre una disminución sistemática de complicaciones en todas las operaciones.
Por ello, la IA debe concebirse como una herramienta de apoyo y no como un sustituto del juicio clínico humano, cuya efectividad depende estrictamente de la validación del sistema y de la correcta interpretación del equipo médico.
Este desarrollo plantea dilemas legales sobre la responsabilidad ante posibles errores derivados de las sugerencias de la IA. Actualmente, la decisión final recae en el cirujano, ya que los sistemas están diseñados para asistir.
Sin embargo, el experto señala que la responsabilidad podría ser compartida si un médico acepta una recomendación incorrecta sin evaluarla, si el hospital no garantiza la capacitación necesaria, o si el fabricante presenta un defecto en su software, una materia jurídica que aún continúa evolucionando. En términos económicos, el debate se intensifica debido a los altos costos de adquisición, mantenimiento y materiales desechables del robot.
Una revisión comparativa de 2025 concluyó que la laparoscopia tradicional aún conserva ventajas en costos y accesibilidad. Por lo tanto, la tecnología robótica debe emplearse cuando aporte un beneficio clínico concreto al paciente y no por razones de mercadeo. Asimismo, la telecirugía emerge como una promesa para regiones desatendidas, avalada por el American College of Surgeons, aunque su éxito rutinario depende de resolver desafíos de conectividad estable y ciberseguridad.
Respecto a la posibilidad de alcanzar cirugías autónomas, el doctor Infante prevé un avance parcial. Aunque sistemas experimentales han operado con éxito en tejidos animales, un paciente vivo presenta imprevistos que exigen juicio inmediato. El modelo del futuro cercano será el de «piloto y copiloto», donde la IA asistirá en ciertas etapas, pero un cirujano retendrá la autoridad total del procedimiento.
Texto: NDP