Desde que el registro audiovisual del reencuentro entre la chimpancé Mama y su primer cuidador, Jan van Hooff, comenzara a circular internacionalmente, la historia de este vínculo de más de cuatro décadas ha servido para documentar la persistencia de la memoria afectiva en los grandes simios
Mama, quien a sus 59 años se encontraba en una fase terminal que le impedía alimentarse por voluntad propia, recibió en abril de 2016 la visita de Van Hooff, primatólogo que fundó su colonia en 1971 y con quien mantenía una relación de cercanía desde 1972.
El registro audiovisual del evento muestra cómo el ejemplar, tras un breve periodo de desorientación inicial, reconoce a su antiguo cuidador y reacciona con gestos de afecto, sonrisas y abrazos, logrando incluso ingerir pequeñas cantidades de alimento antes de fallecer una semana después de dicho encuentro en el Royal Burgers’ Zoo en Arnhem, Países Bajos.
La difusión de esta historia, que ha circulado en plataformas científicas y foros digitales, resalta la capacidad de los grandes simios para mantener memorias relacionales a largo plazo con individuos ajenos a su especie, subrayando la importancia de los lazos sociales en su biología.
Según los registros del zoológico holandés, Mama fue una de las chimpancés más longevas de Europa y su liderazgo dentro de la colonia fue objeto de diversos estudios sobre comportamiento social y empatía en primates. Respecto a la naturaleza de esta reacción,
Miquel Llorente, presidente de la Asociación Primatológica Española, analizó la importancia del registro al señalar que: «En el vídeo puede verse lo importante que es el vínculo emocional de los grandes simios con otros individuos, aunque sean de otra especie».
El caso de Mama y Van Hooff es citado con frecuencia por expertos en etología para ilustrar la comunicación no verbal y la profundidad de los procesos afectivos en animales de alta inteligencia, evitando interpretaciones meramente antropomórficas.
Para los especialistas, el comportamiento observado en la chimpancé responde a una estructura biológica compartida que permite la expresión de sentimientos complejos ante la presencia de figuras familiares durante situaciones de vulnerabilidad física. Esta perspectiva científica busca desmitificar la idea de que estas respuestas son exclusivas de la psicología humana, tal como puntualizó Llorente al concluir que: «Esta actitud nos resulta emotiva porque nos parece muy humana, pero realmente es muy primate».