Especialistas en ambiente advierten que, pese a que el tendido eléctrico se ve comprometido con el crecimiento de los árboles en Valencia, la solución no puede consistir en cortar indiscriminadamente los árboles hasta dejarlos reducidos a sus troncos.
La discusión sobre el manejo del arbolado urbano volvió a tomar fuerza ante las podas realizadas en distintos puntos de la capital carabobeña. Biólogos y activistas ambientales como Elizabeth Salazar, cuestionan algunas de estas intervenciones y señalan que detrás del problema existe una falta de planificación que termina enfrentando dos necesidades de la ciudad: mantener operativo el sistema eléctrico y conservar los árboles que ayudan a regular la temperatura y mejorar las condiciones ambientales.
En las avenidas Andrés Eloy Blanco y Michelena, así como en sectores de Las Quintas, Elizabeth Salazar, bióloga y activista ambiental, asegura haber observado intervenciones en las que se eliminan prácticamente todas las ramas vivas de los ejemplares.
A su juicio, este tipo de manejo debilita a los árboles y los deja expuestos a enfermedades y otros agentes externos. También cuestionó que Valencia no cuente con cronogramas anuales de poda ni con programas permanentes de capacitación para las personas encargadas de intervenir el arbolado.
“Existen podas de saneamiento cuando el árbol está enfermo y podas de formación durante el crecimiento. Aunque entiendo que se hacen para no interrumpir el cableado eléctrico, no me parece una razón de peso para cometer ese tipo de ecocidios, ya que estamos matando lo que regula nuestro clima”.
Para Salazar, el problema no radica exclusivamente en los árboles ni en el tendido eléctrico. Ambos forman parte de la infraestructura urbana y deben coexistir mediante criterios técnicos.
“El sistema eléctrico es necesario, pero no podemos prescindir de los árboles por el cable eléctrico. Lo que hace falta es educación, planificación y un buen control de los árboles”.
La especialista también señaló que Valencia necesita recuperar espacios deforestados y desarrollar nuevas jornadas de reforestación. Recordó que desde hace aproximadamente un año y medio se trabaja en un proyecto de arbolado en la avenida Bolívar con el propósito de modificar el microclima del centro de la ciudad, una zona que describió como una isla de calor.
Sin embargo, indicó que algunos de los árboles sembrados quedaron posteriormente condicionados por la instalación de postes y cables que interfieren con su crecimiento.
La relación entre vegetación y tendido eléctrico tampoco es un problema exclusivo de Valencia. Por eso, en agosto, Corpoelec informó sobre trabajos de pica y poda en 2,8 kilómetros de líneas de media tensión en Bejuma para retirar ramas que interferían con el cableado.
“Valencia debería estar llena de árboles y hacen falta más jornadas de reforestación en zonas deforestadas y abandonadas”, sostuvo Salazar.