La cifra de fallecidos a causa de la devastadora riada que azotó el norte de Nepal, zonas del Tíbet y regiones de la India ascendió a al menos 392 personas, 389 en la zona fronteriza y tres en suelo indio, mientras que cerca de 1.400 personas continúan desaparecidas.
La catástrofe afectó con severidad a localidades nepalíes de los distritos de Rasuwa y Dhading, así como al condado tibetano de Gyirong. De acuerdo con un informe de Unicef, al menos 17.000 niños y niñas se han visto impactados directamente por el desastre, confirmándose la muerte de 14 menores, en una tragedia que mantiene en alerta a los organismos de socorro por el desbordamiento del río Bhote Koshi.
En cuanto a las causas del fenómeno, las investigaciones descartaron inicialmente la ruptura de un lago glaciar en el Tíbet y determinaron que el colapso fue provocado por un masivo deslizamiento de tierra que obstruyó el cauce fluvial.
Al respecto, el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) precisó que la energía sísmica de magnitud 4,4 registrada en el sector fue producto del propio desprendimiento de terreno y no de un terremoto previo, lo que derivó en la súbita liberación de una gigantesca ola de agua, lodo y escombros.
El evento provocó la destrucción de más de 80 puentes, el colapso de vías terrestres de acceso y severos daños en la central del proyecto hidroeléctrico Langtang Khola, dejando arrasadas a comunidades enteras.
En respuesta a la contingencia, el Gobierno de Nepal declaró el estado de emergencia por tres meses en las zonas afectadas y desplegó helicópteros militares y privados para las labores de evacuación y suministro de ayuda humanitaria, al tiempo que las autoridades trabajan en el restablecimiento de los servicios de electricidad, agua potable y telecomunicaciones.
