FMUC 104,5 – Universidad de Carabobo

Los Diablos Danzantes de Yare: 277 años de devoción, cultura y fe que desafían a la migración

En una demostración que conjuga misticismo, tradición y resistencia cultural, cientos de devotos ataviados con vestimentas rojas e imponentes máscaras multicolores tomaron las calles de San Francisco de Yare este jueves 4 de junio.

Esta festividad religiosa y cultural cuenta con un importante respaldo internacional, al haber sido declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO en el año 2012. Dicha distinción resalta el valor universal de la fraternidad y la minuciosidad de sus rituales, los cuales se han transmitido de manera oral e intergeneracional durante casi tres siglos, convirtiendo a la cofradía en un pilar fundamental para la preservación de la memoria histórica y la identidad cultural del pueblo venezolano frente a las transformaciones sociales contemporáneas.

La célebre festividad de Corpus Christi volvió a escenificar el triunfo del bien sobre el mal y la rendición de las tinieblas ante la luz del Santísimo Sacramento, en una jornada que, además de su habitual fervor, reflejó el rostro de la realidad migratoria del país. Además, la Arquidiócesis de Caracas a través de sus redes sociales comentó que, se rinde homenaje al Corpus Christi en su día «en señal de que, desde siempre, el bien vence al mal y Jesús Sacramentado derrota toda tiniebla con su luz y poder».

La manifestación religiosa, que se extendió a lo largo del día bajo un sol inclemente, transformó las calles de esta localidad ubicada a 75 kilómetros de Caracas en un escenario de devoción colectiva.

  • La procesión: Los llamados ‘promeseros’ recorrieron un trayecto de aproximadamente 500 metros, haciendo sonar sus maracas en señal de rendición.
  • El compás: Toda la movilización avanzó al ritmo de un único tambor, encargado de guiar los pasos de los danzantes.
  • La ofrenda: Los participantes asumen esta tradición como un tributo de agradecimiento al Santísimo Sacramento por favores y milagros concedidos.

Medio siglo de fe: El latido del tambor

Con 277 años de historia, esta expresión se mantiene viva pasando de padres a hijos. Un ejemplo viviente de esta continuidad es Aldrin Antequera, de 57 años de edad, quien se desempeña como el ‘primer cajero’ oficial de la cofradía y lleva la responsabilidad de ejecutar el tambor principal. Antequera, cuya devoción inició a los seis años luego de que su madre lo ofreciera al Santísimo tras una delicada operación de apendicitis, cumple este año sus bodas de oro como promesero.

Respecto a la herencia cultural que corre por sus venas, Antequera relató: «A los 6 años ya empecé, porque eso nació conmigo, porque eso viene de generación en generación».

Pese a las ausencias dejadas por la migración en las filas de la cofradía, la manifestación reafirmó su vigencia histórica, demostrando que la identidad y la fe de la región encuentran siempre la manera de imponerse y mantener encendida su luz tradicional.

Imagénes cortesía de EFE

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