Habitantes de diversas comunidades de Guacara, San Joaquín y Mariara, localidades adyacentes al Lago de Valencia, han reportado una notable proliferación del denominado «mosquito lagunero», cuya presencia en forma de densas nubes ha generado inquietud en la población en las últimas semanas.
Ante este escenario, el especialista en gestión de riesgos Jacobo Vidarte aclaró que este organismo no es técnicamente un zancudo sino un insecto que carece de la capacidad de picar, por lo que se descarta por completo que actúe como vector de transmisión de enfermedades tropicales endémicas como el dengue, el zika o el chikungunya.
El aumento estacional de estos insectos está directamente vinculado al proceso de eutrofización del lago, un fenómeno provocado por el exceso de componentes químicos como el fósforo y el nitrógeno, los cuales provienen de las aguas servidas y las escorrentías agrícolas que se depositan en la cuenca sin evaporarse con facilidad.
Este ecosistema con bajo nivel de oxígeno ofrece el ambiente idóneo para la reproducción masiva de las larvas durante la transición del periodo seco al lluvioso; sin embargo, aunque los ejemplares vivos no representan una amenaza directa, el problema sanitario ocurre tras su muerte, ya que al deshidratarse se transforman en un polvo fino que suele desencadenar afecciones respiratorias, crisis de asma, alergias y problemas oculares en los residentes.
Respecto a los mecanismos de mitigación, Vidarte señaló que la fumigación tradicional tiene un impacto más psicológico que efectivo debido a que el viento disipa los químicos en pocos minutos, instando en su lugar a adoptar barreras físicas como la instalación de mallas protectoras en las viviendas.
Asimismo, se recomienda sustituir las bombillas de luz blanca por luminarias de color amarillo para disminuir la atracción de los insectos, evitar el encendido de luces externas entre las 17:30 y las 20:30 horas y efectuar las labores de limpieza doméstica estrictamente bajo condiciones de humedad —empleando agua, mangueras o paños húmedos— en combinación con el uso de mascarillas específicas, previniendo así la dispersión aérea de los residuos secos en el entorno familiar.