Unos 3.400 millones de personas carecieron de acceso a un saneamiento de calidad a nivel global. El Informe Mundial de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos 2026, difundido este jueves por la Unesco, confirmó que las mujeres fueron las principales víctimas de esta carencia.
El documento, fundamentado en datos recolectados hasta 2024, advirtió que 2.100 millones de personas no dispusieron de agua gestionada de forma segura. Por su parte, 1.700 millones carecieron de servicios básicos de higiene en sus hogares.
Los autores del estudio señalaron que, ante la falta de infraestructuras, la responsabilidad de abastecer al hogar recayó mayoritariamente en mujeres y niñas.
Esta carga las expuso a esfuerzos físicos extenuantes y riesgos de seguridad, especialmente en regiones aisladas.
La Unesco subrayó que el transporte manual de agua derivó con frecuencia en lesiones crónicas y situaciones de violencia de género, al obligar a las recolectoras a transitar por rutas peligrosas.
En América Latina y el Caribe, el suministro de agua dependió críticamente del trabajo femenino, una labor que generalmente no fue remunerada ni reconocida.
La investigación determinó que la presencia de mujeres fue escasa en la gobernanza y financiación de infraestructuras, un fenómeno que también se repitió en Europa.
Para la organización, resultó imperativo eliminar las barreras que impidieron una participación igualitaria en la toma de decisiones sobre el recurso hídrico.
Agua, impacto climático y salud menstrual
El informe resaltó que la seguridad hídrica femenina mejoró solo cuando las intervenciones desafiaron los valores patriarcales establecidos.
Asimismo, puntualizó que la propiedad formal de la tierra no garantizó un control real sobre el agua.
Respecto a las catástrofes naturales intensificadas por el cambio climático, el riesgo para la población femenina fue mayor y afectó de forma crítica su salud e higiene menstrual.
Sobre la región latinoamericana, la Unesco sostuvo que la incorporación de la igualdad de género en las políticas de agua fue viable y transformadora, pero avanzó a un paso lento.
Las mujeres de zonas rurales y comunidades indígenas desempeñaron un papel fundamental en la protección del medio ambiente, aunque su labor permaneció invisibilizada.
El organismo concluyó que involucrar a las mujeres en la gestión de los ecosistemas no solo redujo las brechas de género, sino que ayudó a construir comunidades más resilientes.
Información: EFE