El planeta L 98-59 d, situado en la órbita de una estrella cercana, presentó características físicas inusuales que desconcertaron inicialmente a los astrónomos.
Con un tamaño 1,6 veces superior al de la Tierra, este mundo mostró una densidad sorprendentemente baja y una composición rica en compuestos químicos volátiles.
La investigación determinó que el manto del planeta consistió en silicatos fundidos, creando un océano de magma que se extendió miles de kilómetros bajo la superficie.
Este reservorio fundido funcionó como un almacén geológico de azufre. A diferencia de otros planetas pequeños, donde la radiación estelar eliminó los gases atmosféricos, el intercambio químico constante entre el interior líquido y la capa gaseosa permitió conservar el sulfuro de hidrógeno durante miles de millones de años.
Las simulaciones informáticas recrearon la evolución del astro durante 5.000 millones de años, confirmando la estabilidad de este extraño ecosistema térmico.
Información: El Nacional