El inicio del Carnaval 2026 ha marcado una explosión de colores en las calles de este país sudamericano, quién ha marcado una gran amplitud para la economía y el turismo en Brasil, con una movilización récord que supera los 65 millones de asistentes en todo el territorio nacional, un incremento del 22% respecto al año anterior.
El rugido de los ‘blocos’
La fiesta no esperó al sol. En Belo Horizonte, el emblemático bloque ‘Então, Brilha’ despertó a la ciudad a las cinco de la mañana, tiñendo las calles de rosa y dorado bajo el lema de la diversidad. Mientras tanto, en Río de Janeiro, el centenario ‘Cordão da Bola Preta’ volvió a demostrar por qué es el alma de la calle, arrastrando a una multitud vestida de lunares que bloqueó el centro histórico en un mar de música y purpurina.
«Vivir el Carnaval 2026 no se explica, se siente en el pecho. Es una energía que solo se comprende estando aquí», declaró el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, quien fue visto celebrando en el camarote del popular ‘Galo da Madrugada’ en Recife, junto a la primera dama Rosângela ‘Janja’ da Silva.
En Río de Janeiro, el Sambódromo Marquês de Sapucaí ha sido el epicentro del brillo y la controversia. La escuela Acadêmicos de Niterói abrió los desfiles del Grupo Especial este domingo con una propuesta que ha dado la vuelta al mundo: un homenaje a la trayectoria del propio presidente Lula.
Entre carrozas monumentales y trajes llenos de pedrería, la escuela navegó entre el aplauso popular y las críticas de la oposición, que calificó el desfile de «propaganda electoral». No obstante, la calidad técnica y el fervor de los sambistas han mantenido a la audiencia global pegada a las pantallas, reafirmando que el carnaval brasileño es, ante todo, una poderosa herramienta de crítica social y cultura.