Un estudio publicado en Earth’s Future por AGU confirma que algunas regiones del norte de China registraron disminuciones en el agua subterránea como consecuencia directa de la forestación.
Durante más de cuatro décadas, China emprendió una de las campañas de reforestación más ambiciosas del planeta para frenar la degradación de la tierra en zonas áridas, recuperar suelos y mejorar la calidad del aire. Cubrió millones de hectáreas con árboles y transformó radicalmente el paisaje, lo que antes eran extensiones áridas y polvorientas se convirtió en bosques verdes visibles incluso desde el espacio.
Los científicos explican que los nuevos bosques consumen grandes cantidades de agua, especialmente durante su fase de crecimiento acelerado. Esta demanda altera la humedad del suelo, modifica la recarga de acuíferos y reduce la disponibilidad de agua en zonas donde el recurso ya era escaso. Y que el problema no radica en la reforestación en sí, sino en cómo se ejecuta.
Plantar árboles no siempre equivale a recuperar agua, la elección de especies, su densidad y ubicación son factores decisivos. En varias zonas se introdujeron especies exóticas o de rápido crecimiento, altamente demandantes de agua, que desplazaron a la vegetación nativa adaptada a climas semiáridos. El resultado ha sido un aumento de la evapotranspiración más rápido que la capacidad natural de recarga, lo que compromete la sostenibilidad hídrica en áreas vulnerables.
China no planea revertir lo logrado, pero sí ajustar su estrategia forestal. Entre las medidas discutidas se encuentran reducir la densidad de plantaciones, diversificar especies y priorizar plantas autóctonas, menos demandantes de agua y más resistentes a las condiciones locales.
El país entiende que su política forestal se ha convertido en un experimento global, observado por naciones que impulsan proyectos similares, como la Gran Muralla Verde africana o programas de restauración en América Latina. La experiencia deja una advertencia clara: la reforestación masiva debe planificarse con criterios hidrológicos y ecológicos, no solo con metas de superficie cubierta.